Arroelo
← Volver al blog

De un mensaje en LinkedIn a un hogar compartido: la historia de Espacio Arroelo

África Rodríguez y María Pierres pintan el mural «el mundo pertenece a quienes se atreven»

Cómo África Rodríguez y María Pierres fundaron Espacio Arroelo en 2013: de un encuentro en LinkedIn a más de una década de coworking en Pontevedra.

Hay historias de coworking que empiezan con un plan de negocio. La nuestra empezó con un mensaje.

En 2012 nos cruzamos en LinkedIn: María Pierres, arquitecta, y África Rodríguez, consultora. Éramos dos autónomas en Pontevedra que, cada una a su manera, habíamos descubierto lo mismo: trabajar en casa puede ser práctico, pero también es un callejón sin red. «Tenía la sensación de que desde mi ordenador no iba a conocer a nadie», decíamos en aquellos primeros meses. Habíamos dejado oficinas propias o el ritmo de casa y sentíamos la misma falta: un lugar donde el trabajo no fuera solo productividad, sino compañía.

En menos de seis meses pasamos de la conversación a la acción. Si en la ciudad no existía el espacio que necesitábamos, lo íbamos a crear.

África Rodríguez y María Pierres, fundadoras de Espacio Arroelo, abrazadas y sonriendo
Manos a la obra: la casa que queríamos habitar, juntas.

Abrir puertas en 2013: más que mesas e internet

En abril de 2013, El País hablaba de cómo «el coworking se instalaba en Galicia» y nos presentaba como un espacio pionero en Pontevedra. Abrimos en la tercera planta del número 11 de la calle Michelena: salas, puestos de trabajo, internet, office… y, sobre todo, la intención explícita de generar sinergias entre profesionales que, en principio, no tenían por qué cruzarse.

Desde el principio huimos de la idea de que un coworking es solo un espacio físico. Queríamos que quienes entraran se comprometieran con unas normas básicas de convivencia y, a la vez, con algo más intangible: la posibilidad de que el proyecto de al lado alimentara el tuyo. En aquellas salas también cabía el arte: exposiciones, cursos, conversaciones que no cabían en un Excel.

El Diario de Pontevedra, un año después, ya hablaba de un grupo que había pasado de cinco personas iniciales a más de treinta asociadas, y de una sede que se expandía por la planta del edificio. Arroelo —con ese eco del «hai que roelo» pontevedrés— empezaba a ser, para mucha gente, sinónimo de otra forma de trabajar en la ciudad.

Coworkers de Espacio Arroelo trabajando con portátiles en mesa compartida; en pantalla, el Slack de la comunidad
Michelena, primeros años: portátiles, Slack y la costumbre de compartir mesa.

Crecer como familia, no como oficina

Con el tiempo dejamos de contar solo mesas. Empezamos a contar personas.

De aquel germen —abrir el salón, practicar el «co», no dejar sola a quien busca— salieron programas de empleo como Colabora, eventos de impacto social como la Human Library e iniciativas de creatividad internacional como PonteJam. El salón no era solo puesto de trabajo: era laboratorio de comunidad.

En 2019, Faro de Vigo recogía nuestra sorpresa al mirar atrás: habíamos empezado sin imaginar que el proyecto iba a durar tanto ni a generar una familia tan grande. Alrededor de setenta personas formaban ya parte de esa constelación —«aunque seguro que somos más», decíamos—. En una década, unas doscientas emprendedoras y emprendedores pasaron por Arroelo. Algunas se quedaron años; otras hicieron escala y siguieron camino.

Niña asomada tras un globo corazón rojo con el mensaje «Soy autónom@ dame un abrazo» en un encuentro de comunidad
La familia coworker: más de doscientas personas en una década.
Encuentro festivo de la comunidad Arroelo con mesa, tarta y conversación
Celebrar juntas: así creció la casa.

Lo que nos ha sostenido no ha sido un modelo de franquicia ni una fórmula mágica. Ha sido la inteligencia colectiva: compartir conocimiento, lanzar proyectos juntas, aprovechar que en el mismo pasillo pueden convivir derecho, arquitectura, diseño, tecnología o educación. Aprendimos a acompañar comunidades y a cuidar el espacio. Una y otra vez comprobamos que el «co» de coworking no es un prefijo de marketing: es una práctica diaria. Hoy esa familia coworker sigue siendo el centro de todo.

Crisis, pandemia y mudanza: seguir siendo Arroelo

Ninguna década es una línea recta. Hubo pandemia. Hubo incertidumbre. Y hubo, en 2022, la noticia de que el edificio de Michelena —nuestro primer hogar— enfrentaba un proceso de derribo. La Voz de Galicia lo contó con crudeza: inquilinas que tenían que irse de un inmueble emblemático. Nosotras teníamos claro que Arroelo iba a seguir. «Bienvenida incertidumbre», dijimos entonces, con más miedo del que admitimos y más confianza de la que el momento merecía.

En febrero de 2023, Onda Cero se hacía eco de que la comunidad remataba la mudanza y estrenaba local y salón. Hoy estamos en Cobián Roffignac, planta 3, en el centro de Pontevedra: mismo espíritu, otra casa. Parte del mobiliario de Michelena encontró nueva vida en la Casa do Pobo de Anceu, para que lo que había sido refugio en la ciudad también diera cobijo creativo en el rural. Esa continuidad —ciudad y aldea, antes y ahora— dice mucho de cómo entendemos el espacio: no como propiedad, sino como cuidado compartido.

Grupo de mujeres de la comunidad Arroelo posando con fuerza; una lleva la camiseta Fearless Female
Misma familia, otra casa: comunidad, fuerza y el espíritu que viajó con nosotras.

Lo que nos sostiene hoy

Más de diez años después, Arroelo sigue siendo el hogar que construimos: un lugar donde la curiosidad se alimenta, las conexiones se tejen y la libertad y la creatividad se celebran. Un refugio para quienes buscan más que un sitio donde abrir el portátil: un espacio de coworking en Pontevedra donde cultivar una economía social y sostenible. Seguimos tejiendo puentes con Rural Hackers y con la European Creative Hubs Network (ECHN), y parte de nuestra historia sigue viva en espacioarroelo.es.

Si estás leyendo esto porque buscas un coworking en Pontevedra, o porque te preguntas cómo nace una comunidad, te invitamos a lo más sencillo: ven a conocernos. Mira la tarifa, pasea por el blog o escribe cuando quieras. La historia no está cerrada. Se escribe cada mañana, con café, con proyectos y con gente que decide no trabajar sola.

Pruébalo

Primera semana sin coste

Ven a trabajar unos días al salón, sin compromiso. Te contamos qué tarifa encaja contigo.