«4 consejos de la neurociencia para ser más felices» por Sandra Barral.

By 23/12/2016Blog

cerebro-feliz-1Cuando se trata de felicidad, entre tantos consejos, vale la pena prestarle especial atención a los que da la neurociencia. Alex Corb, investigador de la UCLA, comparte algunos insights en su libro “The Upward Spiral”, que favorecen una rutina más feliz y que están basados en procesos que se desarrollan a nivel cerebral.

En este post comparto cuatro recetas comprobadas científicamente.

Hazte una pregunta clave

En el corto plazo, la preocupación nos hace sentir bien de alguna manera porque entendemos que estamos haciendo “algo” en relación a nuestros problemas, y eso se refleja en la relación que hay entre la actividad de la corteza prefrontal, la amígdala y el sistema límbico. De hecho, aunque parezca increíble, la culpa y la vergüenza activan el centro de recompensa del cerebro.

No obstante, estas emociones no deberían verse como soluciones. Son desagradables y mucho más si pensamos en el largo plazo. Para romper círculos viciosos la neurociencia propone una pregunta clave: ¿Qué razones tengo para estar agradecido@?

El beneficio de la gratitud empieza con la activación de la región del cerebro que produce dopamina, relacionada con el aprendizaje, la motivación y la recompensa, el humor y la atención. Adicionalmente, la gratitud dispara la serotonina (lo mismo que hace el Prozac). Tratar de pensar en cosas por las que nos sentimos agradecidos nos lleva a enfocarnos en los aspectos positivos de la vida, lo que incrementa la producción de serotonina.

Y aunque puede que a veces la vida nos dé algunos palos que nos hagan sentir que no hay motivos para agradecer, resulta que no es necesario encontrar una razón. El sólo gesto de tratar de buscarla ya vale. Encontrar la respuesta a la pregunta clave no es lo que más importa, sino buscar.

Recordar el hecho de ser agradecid@s se traduce en una forma de inteligencia emocional relacionada con la densidad y eficiencia de las neuronas. Y por si fuera poco, la gratitud no sólo hace al cerebro más feliz, sino que favorece un círculo de reacciones positivas en nuestro entorno.

Sí, es contagiosa!

Etiqueta tus sentimientos negativos

¿Te sientes horrible? Vale, ponle un nombre a ese horror: tristeza, ansiedad, rabia. Según estudios basados en resonancias magnéticas, identificar la emoción con un nombre actúa sobre la amígdala favoreciendo que esa emoción reduzca su impacto.

Reprimir las emociones negativas no es buena idea en lo absoluto. Las investigaciones demuestran que la estrategia fracasa tarde o temprano. La supresión, aunque parezca positiva en el exterior, interiormente acaba por estimular aún más el sistema límbico. ¡Y podemos explotar!

Para reducir la agitación mental basta con describir brevemente la emoción. De esta manera se activa la corteza prefrontal, que ayuda a combatir el recalentamiento del sistema límbico. Una o dos palabras sirven para reducir la emoción. De hecho, etiquetar o nombrar es una herramienta fundamental en mindfulness. La meditación ha utilizado esta técnica por siglos.

Decide

Tomar decisiones supone la creación de intenciones y el establecimiento de objetivos. En este proceso participa la corteza prefrontal de una manera positiva, reduciendo la preocupación y la ansiedad. Al decidir se ayuda a superar la actividad del cuerpo estriado (que normalmente nos atrae hacia impulsos y rutinas negativas) y a la vez se calma el sistema límbico, en la medida que se encuentran soluciones a los problemas.

Sin duda, tomar una decisión puede ser muy difícil. ¿Qué tipo de decisión funciona a nivel neurocientífico para que el cerebro esté contento? Por suerte no se necesita una que sea 100% acertada, basta con que resulte suficientemente buena. El perfeccionismo puede ser estresante y además paralizante, ya que sobrecarga el cerebro con emociones que nos hacen sentir fuera de control. En contraste, reconocer que algo es aceptable activa la zona dorsolateral prefrontal, y así se favorece una sensación de estar bajo control que reduce el estrés.

Elegir de manera activa genera cambios en los circuitos de atención y en cómo las personas se sienten acerca de la acción, lo que incrementa el nivel de dopamina. A los ojos de la neurociencia, la recompensa de decidir y lograr una meta es mucho mayor que cuando la cosas ocurren al azar. Esto también se relaciona con “el deber ser”, que en lo absoluto da placer al cerebro. Por ejemplo, se ha comprobado que si se hace ejercicio por obligación no se obtienen los mismos beneficios, dado que el ejercicio se convierte en una fuente de estrés en sí mismo.

Abraza

Necesitamos sentirnos amados y aceptados. Lo contrario es doloroso, y así lo han demostrado experimentos con resonancias magnéticas, que muestran que la exclusión social activa el mismo circuito del dolor físico.

Las relaciones son importantes para que el cerebro se sienta feliz, y en este sentido se sabe que una de las formas primarias de liberar oxitocina es tocando a otros: estrechar las manos, una palmada en la espalda, o un abrazo. La oxitocina es la hormona responsable de que seamos compasivos y amables, influye en el aumento de la confianza y en la reducción del miedo social.

No le damos suficiente crédito a la importancia del tacto, que nos hace más persuasivos, incrementa el desempeño de los equipos y, si se trata de alguien a quien queremos, favorece incluso la disminución del dolor. Tomarse de las manos puede representar un gran alivio. Un abrazo, especialmente uno largo, libera neurotransmisores y oxitocina, lo que reduce la reactividad de la amígdala.

¿Pero qué pasa si no tengo nadie a quien abrazar? La neurociencia recomienda un masaje: produce serotonina, baja el nivel de hormonas del estrés y aumenta los de dopamina, lo que contribuye con la creación de buenos hábitos. Un masaje reduce el dolor porque el sistema de oxitocina activa las endorfinas. Además, mejora el sueño y disminuye la fatiga.

Así las cosas, hay que pasar más tiempo con gente, abrazarse. Mandarse mensajes por whatsapp no es suficiente. Puede que una llamada de teléfono ayude a reducir el nivel de estrés, pero ante los mensajes de texto el cuerpo responde como si no hubiese recibido ningún tipo de apoyo.

En resumen: Para tener un cerebro más feliz pregúntate qué razones tienes para estar agradecid@, ponle nombre a tus sentimientos negativos, toma decisiones y abraza todo lo que puedas.

Fuente: Business Insider

http://www.businessinsider.com/a-neuroscience-researcher-reveals-4-rituals-that-will-make-you-a-happier-person-2015-9

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