“Navegar con la incertidumbre” por Óscar Torres.

En este apartado Espacio Arroelo quiere dar cabida a comentarios, reflexiones e ideas de los coworkers y colaboradores que  forman parte de nuestra comunidad.

Hoy es el turno de nuestro colaborador Óscar Torres.

600 pixeles prismaticosYo sé navegar a vela, pero la mayoría de las veces no soy consciente. ¿Te has preguntado si sabes respirar? No te has interesado por las técnicas (¿o sí?), pero basta con sobrevivir. Quizá esta humildad sea fruto de destellos de otros que a mi lado han brillado con proezas náuticas (regatas de alto nivel, medallas, navegaciones oceánicas…) con los cuales he tenido la suerte de broncearme.

Empecé a ser consciente de mis conocimientos cuando conseguí que mi barco y mi tripulación llegasen sanos y salvo a puerto. Recuerdo perfectamente el momento en el que me enfrenté a mis miedos y asumí el liderazgo de un barco. A priori, como suele pasar en nuestras vidas, me sentí como un absurdo valiente. Esa sensación de quedarse pequeño, diminuto, lleno de miedos, un mundo nuevo. Pero lo cierto es que a posteriori descubrí que me había estado preparando para esto toda mi vida. Cada decisión, cada camino que he elegido me había ido posicionando casi sin saberlo, no sólo en el terreno de los conocimientos, sino en el de las actitudes con las experiencias. Es cuando todos esos que brillaban ahora son faros, y ya no eres espejo donde reflejen, ahora eres prisma que transforma en color sus destellos. Tan solo me había faltado ese momento en el que me pusiese a prueba a mí mismo. Creo que una vez que descubres esa sensación y aciertas (una de cada muchas), te vuelves adicto a ese tipo de adrenalina. La llamaremos incertidumbre.

La incertidumbre nos obliga a asumir que no podemos predecir con absoluta certeza nuestro futuro. Nos obliga a asumir riesgos y vencer nuestros miedos. Pero también nos incita a observar y planificar; interpretar lo que nos rodea y elaborar un plan de forma inteligente. A experimentar la emoción del acierto y el aprendizaje del error. Podría pelearme contra el mar e intentar luchar contra su condición, pero sólo conseguiría agotamiento. Debo aprender a interpretarlo y bailar con él para llegar a mi objetivo.

Un regatista profesional aportó su definición personal cuando le preguntaron ¿qué es la vela? ¨La habilidad de simplemente estar centrado y vivir el momento¨.  A veces pienso en qué pasará al llegar a puerto, cómo voy a volver a casas, qué pasará mañana… Todos esos objetivos son secundarios y van a depender de como resulte mi trabajo actual, o en la mayoría de los casos no van a depender de mi en exclusiva, así que no merece la pena destinarles tiempo. Lo verdaderamente importante es centrarse en el objetivo primario y vivir el momento. Poner las velas de forma adecuada en todo momento para llegar a nuestro destino y cuidar de nuestro vehículo, nuestro barco. Cuando permaneces en este estado empiezas a comprender tu posición, desaparecen tus miedos y, ahora sí, te das cuenta de la magnitud de tus acciones actuales y su repercusión a largo plazo. Quizá aciertes, quizá no, pero lo importante es lo que ha resultado de la experiencia.

Navegar por el océano es como navegar por la vida misma. Importa el destino, pero tenemos que aprender a disfrutar de la travesía. Vivir el momento y centrarse en lo actual, pues de esta forma conseguiremos llegar a puerto de la manera más eficaz, sin importar los vientos y tempestades que nos encontremos.

Si queréis vivir con nosotros estas y otras reflexiones os invitamos a participar en el Programa Rumbo A Ti Mismo los próximos días 28 y 29 de julio.

Un abrazo,

Óscar Torres.

“Tejiendo mi tela de araña…” por África Rodríguez.

Hoy comencé el día utilizando las tácticas de mindfulness que nos trasladó nuestra colega Camila Olavide.

Me desperté, preparé mi desayuno, desconecté la tarifa de datos y me trasladé al jardín de la casa de mis padres. Allí me dispuse a desayunar parándome a sentir cada bocado, sonido, olor… Percibir todo lo que estaba ocurriendo en ese preciso instante en silencio. 

Entonces observé que había una tela de araña bastante grande que unía la silla con una de las macetas que reposaba en la mesa. Comencé a quedarme encandilada con la tela… Menuda complejidad… La tela de araña se extendía a través de un hilo muy fino de unos 30 centímetros desde la silla hasta la maceta.

Imaginé desde mi absoluto desconocimiento cómo la habría tejido, parecía que partía de un hilito muyyyyy fino y llegado un punto (tras 20 centímetros aproximadamente) comenzaba la tela de araña, imponente, minuciosamente trabajada…tela de araña 2Me dio por reflexionar supongo que influida por mi propia experiencia vital de estos últimos dos años… Y es que si consigues tener claro cuál es tu objetivo (tu tela de araña) por muy grande e inalcanzable que te parezca es posible cumplirlo. Si trabajas sobre él con tu hilo fino, con esas “tus pequeñas metas” que consigues pasito a pasito  se creará la tela de araña que hoy me ha dejado perpleja, esa tela que encierra algo grande. Grande no para los demás sino para lo que tú esperas de ti mismo. 

Los próximos días 28 y 29 de julio puedes acompañarnos y dar uno de esos pequeños pasitos. Hemos organizado el Programa Rumbo a Ti Mismo, una experiencia única para trabajar en descubrir tu foco usando como instrumentos el coaching y la experiencia de navegación en velero. Navega para explorarte y comienza a tejer…

Un abrazo,

África Rodríguez.

PD. Sé que cualquier biólogo se partiría de la risa si leyera mi reflexión loca e infantil  pero veía útil compartirla con vosotros.