“Miedo a volar” por Mónica Miranda

post miranda

Cuando sientes que está todo en calma y sin embargo tu mente no te deja relajarte. No te quedes quieto esperando, enséñale a tu cuerpo quien manda. Baila, ríe, queda con amigos, disfruta del momento y los objetivos conseguidos. O simplemente disfruta de la calma que da haber librado una batalla. Y crea todo aquello que te permita “estar”, disfrutar del día a día. No esperar que la vida sea una línea recta sin sobresaltos, porque lo que pierdes es más importante, te pierdes de vivir intensamente. De disfrutar las alegrías y las tristezas. Pero siempre analizando situaciones, aprendiendo de las reacciones que tienes frente a diversos momentos de la vida. Conociéndote, aprendiendo lo que te gusta, lo que quieres y sobre todo lo que no quieres. Muchas veces nos da miedo coger las riendas de nuestra vida, porque en el fondo es más fácil que alguien te dirija y si te equivocas echar la culpa a alguien externo. Pero cuando tienes tú las riendas, algo maravilloso se crea, aprendes que la felicidad comienza en ti, y no le das las llaves de tu felicidad a nadie, empiezas a crear relaciones sanas, no basadas en la dependencia, ni el apego. No buscas la felicidad externa y sólo te queda aprender de las personas que van pasando por tu vida. Y sobre todo algo que le doy mucho valor, no pierdes tu esencia, al no tener la necesidad de alagar ni ser alagado, no tienes miedo de mostrarte tal y como eres, no dejas de hacer cosas porque los demás no las valoren, las haces porque eres así porque a ti te hace feliz el hacerlas.

Al vivir bajo tus criterios y tu intuición sientes como que estás en sintonía contigo, como si tu cuerpo flotara, los miedos se hacen más pequeños y disfrutas más de la vida. Empiezas a darle valor a todo aquello que haces y conviertes tú día a día en un día lleno de oportunidades. Tu trabajo se vuelve distinto y donde antes veías rutina ahora ves momentos llenos de posibilidades. Cuando estás en un momento de parón profesional, y ves que la vida es injusta y que no sabes cómo vas a remontar. Párate a redescubrirte, innova cambia de círculos profesionales, hazte un curso (Los hay gratuitos). Únete a grupos de profesionales en búsqueda de empleo, amplía tu red de contactos. Sólo tengo algo claro, en casa derrotado no te llegan las oportunidades. No es fácil pero cuando lo consigues la satisfacción que alcanzas no se puede describir con palabras. Sólo el hecho de salir y buscar nuevas oportunidades o relacionarte con gente que te aporta nuevos puntos de vista, es algo que te cambia el estado de ánimo y sobre todo te das cuenta que también tienes muchas cosas que aportar. Lo importante en los momentos duros de la vida es aportar nuevas soluciones, no sentirse fracasado, que no hayas ganado, no significa que no lo puedas hacer y de todas formas es un momento magnifico para conocerse y encontrar el camino que te aporte valor. Todos los días hay oportunidades, oportunidades para conocer gente nueva que te enseñe cosas, oportunidades para crecer, oportunidades que generan nuevos rumbos. El problema es que cuando estamos en el túnel nos perdemos esas pequeñas señales que hay a nuestro alrededor, nos creemos que estamos solos en el camino, y no necesariamente es así. Cuando tomas la decisión de salir del túnel, te das cuenta que hay muchos caminos por los que ir. Que paso a paso puedes construir una nueva historia, un nuevo lugar en el que crear soluciones. Ir dándole forma a esa nueva vida que quieres vivir, aportando valor al mundo con tus ideas y sobre todo afianzando los cimientos que se han agrietado. Empieza a construir de dentro hacia fuera, todo lo que reafirmes en tu interior te servirá para relacionarte con tu exterior. La base de la vida es la autoestima, tenemos que saber que todos somos únicos e irrepetibles, seres perfectos en nuestra imperfección.

Un abrazo,

Mónica M.

“Aprendiendo que todo es bienvenida” por Celia Gradín.

6225530793_5cee65a95c_zY es que aparte de todos los datos científicos, los mil argumentos de por qué es bueno meditar, las ganas que tenemos todos de ser mejores, un poco mejores, o, al menos, considerarnos a nosotros mismos como “buenas personas”, la cuestión es que todos nos sentimos perdidos a la hora de explicarnos a nosotros mismos (no ya a los otros) quiénes somos. De explicarnos.
 
¿Quién soy en realidad?
¿El que se levanta con ganas de volverse a meter en la cama cuanto antes?. ¿El que ríe, despreocupado, en el medio de la ola de alegría del grupito recién formado, en medio de la excitación y las expectativas de más conexión, de estar a punto de encontrar “algo”? ¿El que busca, desesperado, día a día, sin saber lo que busca? ¿El que se aburre? ¿El que se engancha a lo primero o la primera que pase? ¿El que sólo piensa en el trabajo para atontarse, azuzarse y no perder la comba de lo que está pasando en el mundo?¿El que se avergüenza de aquello que no se atreve ni a pensar, recordar qué fue lo que ocurrió/sigue ocurriendo?
 
Nos cuesta bastante esfuerzo digerirnos. ¿Cómo podemos pretender que nos entiendan si nosotros mismos no conseguimos hacerlo? El Budismo nos habla de que sólo por el hecho de estar vivos ya estamos sufriendo permanentemente. Porque tenemos frío, calor, hambre, inseguridad, estamos tristes o con miedo de perder nuestra felicidad. Porque estamos vivos, sufrimos.
 
Y es que, realmente, lo único que tenemos de auténtico y genuino son todas estas inquietudes, aburrimientos, risas, desesperaciones, vacíos existenciales, miedos, alegrías, enganches. Ahí estamos todos, sin excepción. Así que ése es nuestro punto de partida, el único punto de partida que tenemos. El punto de partida para llegar a nosotros mismos. 
 
Y ahí empezamos: dando la bienvenida. 
Dándonos la bienvenida:
Bienvenido miedo, que me haces sentir.
Bienvenida ansiedad, que me lleva hacia mi.
Bienvenidas alegrías, que me hacen sonreír.
Bienvenido aburrimiento, que no me dejas aburrir
Bienvenido sufrimiento, que me pones en contacto conmigo…
 
Besos desde ahí, en el fondo,

“Navegar con la incertidumbre” por Óscar Torres.

En este apartado Espacio Arroelo quiere dar cabida a comentarios, reflexiones e ideas de los coworkers y colaboradores que  forman parte de nuestra comunidad.

Hoy es el turno de nuestro colaborador Óscar Torres.

600 pixeles prismaticosYo sé navegar a vela, pero la mayoría de las veces no soy consciente. ¿Te has preguntado si sabes respirar? No te has interesado por las técnicas (¿o sí?), pero basta con sobrevivir. Quizá esta humildad sea fruto de destellos de otros que a mi lado han brillado con proezas náuticas (regatas de alto nivel, medallas, navegaciones oceánicas…) con los cuales he tenido la suerte de broncearme.

Empecé a ser consciente de mis conocimientos cuando conseguí que mi barco y mi tripulación llegasen sanos y salvo a puerto. Recuerdo perfectamente el momento en el que me enfrenté a mis miedos y asumí el liderazgo de un barco. A priori, como suele pasar en nuestras vidas, me sentí como un absurdo valiente. Esa sensación de quedarse pequeño, diminuto, lleno de miedos, un mundo nuevo. Pero lo cierto es que a posteriori descubrí que me había estado preparando para esto toda mi vida. Cada decisión, cada camino que he elegido me había ido posicionando casi sin saberlo, no sólo en el terreno de los conocimientos, sino en el de las actitudes con las experiencias. Es cuando todos esos que brillaban ahora son faros, y ya no eres espejo donde reflejen, ahora eres prisma que transforma en color sus destellos. Tan solo me había faltado ese momento en el que me pusiese a prueba a mí mismo. Creo que una vez que descubres esa sensación y aciertas (una de cada muchas), te vuelves adicto a ese tipo de adrenalina. La llamaremos incertidumbre.

La incertidumbre nos obliga a asumir que no podemos predecir con absoluta certeza nuestro futuro. Nos obliga a asumir riesgos y vencer nuestros miedos. Pero también nos incita a observar y planificar; interpretar lo que nos rodea y elaborar un plan de forma inteligente. A experimentar la emoción del acierto y el aprendizaje del error. Podría pelearme contra el mar e intentar luchar contra su condición, pero sólo conseguiría agotamiento. Debo aprender a interpretarlo y bailar con él para llegar a mi objetivo.

Un regatista profesional aportó su definición personal cuando le preguntaron ¿qué es la vela? ¨La habilidad de simplemente estar centrado y vivir el momento¨.  A veces pienso en qué pasará al llegar a puerto, cómo voy a volver a casas, qué pasará mañana… Todos esos objetivos son secundarios y van a depender de como resulte mi trabajo actual, o en la mayoría de los casos no van a depender de mi en exclusiva, así que no merece la pena destinarles tiempo. Lo verdaderamente importante es centrarse en el objetivo primario y vivir el momento. Poner las velas de forma adecuada en todo momento para llegar a nuestro destino y cuidar de nuestro vehículo, nuestro barco. Cuando permaneces en este estado empiezas a comprender tu posición, desaparecen tus miedos y, ahora sí, te das cuenta de la magnitud de tus acciones actuales y su repercusión a largo plazo. Quizá aciertes, quizá no, pero lo importante es lo que ha resultado de la experiencia.

Navegar por el océano es como navegar por la vida misma. Importa el destino, pero tenemos que aprender a disfrutar de la travesía. Vivir el momento y centrarse en lo actual, pues de esta forma conseguiremos llegar a puerto de la manera más eficaz, sin importar los vientos y tempestades que nos encontremos.

Si queréis vivir con nosotros estas y otras reflexiones os invitamos a participar en el Programa Rumbo A Ti Mismo los próximos días 28 y 29 de julio.

Un abrazo,

Óscar Torres.