“Programarnos para aprender” por Sandra Barral.

img_20161022_190803¿En qué se parece un taller de programación a la vida?

En mucho. Tienes expectativas, pero no garantías. Las cosas no siempre salen como se planean, aunque eso no significa, necesariamente, que salgan mal. Si insistes lo logras. La actitud marca la diferencia. Lo importante es atreverse. Siempre hay buenas sorpresas que agradecer. La colaboración es clave, ¡y además es divertida!

El primer Rails Girls Galicia, que convocaba a los interesados en darse un chapuzón tecnológico, ofrecía una provocativa iniciación en el lenguaje de programación Ruby y el framework Ruby on Rails. Como aclaraban que no importaban la edad o la profesión, sino sólo tener ordenador, curiosidad y ganas de jugar, me apunté sin pensarlo.

El tiempo pasa rápido cuando lo pasas bien. Así que el sábado 22 de octubre se fue volando entre cafelitos, comida, merendola, juegos y, cómo no, mucho código. ¿El escenario? Espacio Arroelo. ¿Los protagonistas? Gente con hambre de aprender, algunos con kilómetros de experiencia en programación, otros casi en la línea de partida, pero con osadía suficiente para asomarse -sin sentir vértigo- en los laberintos de esos lenguajes que se esconden detrás de tantas rutinas de la vida moderna.

Y nos asomamos. Todos. Los frikis, los neófitos, los curiosos. Unos incluso para recordar lo que es un pantallazo azul. Otros para experimentar, por ejemplo, cómo te puedes perder sin pararte de la silla, y de la misma forma encontrar la ruta. Sin duda, el momento más emotivo de la jornada fue el cierre, cuando nos sentamos en el suelo con el objetivo de compartir aquello que nos llevábamos del taller. Hicimos un gran círculo de comentarios positivos: agradecimiento, ganas de más, intención de repetir, motivación, charlas nutritivas con gente interesante, risas, anécdotas. ¿Qué me llevo de un sábado diferente? En principio una reflexión que trasciende el hecho tecnológico, o que lo asume como excusa para poner la lupa sobre algunas “normalidades”.

Es normal que nos desanime ir a ciertas actividades sin compañía, es normal que temamos preguntar en público, es normal que los obstáculos nos despierten ganas de abandonar, es normal que lo nuevo nos inquiete, hasta es normal que a ratos pensemos que estamos solos en nuestras aficiones. Pero si hacemos caso omiso a todo eso que suele ser normal, lo que pasa es algo como Rails Girls. Romper con lo habitual nos permite conocer gente de la que podemos aprender, personas que pueden inspirarnos o a las que podemos ayudar. Preguntando aprendemos más rápido. Si le plantamos cara a los obstáculos aprendemos que tenemos el poder de superarnos. Aprendemos ante la novedad, y no sólo ganamos conocimientos sobre temas específicos, sino que aprendemos de nosotros mismos y por el camino vamos encontrando a otros con los que compartimos intereses.

Y quizás esa sea la gran moraleja de un día de programación: la apertura al aprendizaje genera inevitablemente aprendizaje. Y esto, tarde o temprano, influye positivamente en nuestras vidas. Los estudios psicológicos y neurológicos demuestran que una experiencia óptima es aquella que involucra retos, enfoque de la atención, uso de las propias capacidades y sensación de logro. De modo que iniciativas como Rails Girls representan una oportunidad para enriquecernos desde muchos puntos de vista.

Nuestros cerebros son máquinas muy potentes, así que empecemos por programarnos concienzudamente para aprovechar todo lo que la novedad puede aportarnos. Si ya hemos instalado la aplicación “curiosidad” en nuestro espíritu, entonces la tarea pendiente es alimentarla, actualizarla, usarla a diario, compartirla, y siempre tener presente los beneficios de un “¿por qué no?”.

Sandra Barral.

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