“El trabajo como fuente de felicidad” por Sandra Barral.

By 30 septiembre, 2016Blog


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Como castigo por su desobediencia, Adán fue expulsado del paraíso y condenado por Dios a ganarse el pan con el sudor de su frente. Implicaciones religiosas al margen, el pasaje 3:17 del Génesis parece explicar cómo es entendido el trabajo en la mayoría de las culturas que han alcanzado la complejidad de “civilización”: como un castigo.

Trabajar es una actividad que muchos preferirían evitar, pero sin la cual no podríamos sobrevivir. Paradójicamente, estudios psicológicos han demostrado que el trabajo es una de la principales fuente de “flujo”, un estado que se ha asociado con la felicidad. La experiencia de flujo, esa en la cual las personas se hallan tan inmersas en la actividad que realizan que nada más parece importarles, es tan placentera en sí misma, que el individuo se involucra aunque tenga un gran coste y porque indudablemente sabe que habrá ganancias importantes.

Todos hemos experimentado ese estado en el que nos olvidamos del tiempo y los problemas desaparecen, en el que nos invade una estimulante sensación de trascendencia, o en el que nos descubrimos fuertes, en la cima de nuestras habilidades. En ese momento estamos en flujo, y de allí deriva lo que el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi ha denominado “experiencia óptima”.

Csíkszentmihályi, quien ha estudiado durante décadas la felicidad, el disfrute y el bienestar subjetivo, concluyó que, contrariamente a lo que pudiese pensarse, la experiencia óptima no es resultado de momentos pasivos, receptivos o de relajación, sino de esfuerzos voluntarios por lograr una meta, que suponen un reto físico o mental no necesariamente placentero. En el largo plazo, la experiencia óptima suma un sentido de maestría y de participación consciente en el sentido de la vida.

Si pensamos en el trabajo como una imposición, una limitación o una transgresión de la libertad, lo evaluaremos como una causa de infelicidad. Por el contrario, si lo percibimos como un desafío para desarrollar nuestras capacidades, como una camino hacia nuestras metas, como una oportunidad para crecer y realizarnos, el trabajo será fuente de satisfacciones trascendentales.

¿Y si mi trabajo no me gusta en lo absoluto?

No es un secreto que ser feliz no depende de eventos externos, sino de cómo los interpretamos. Si aprendemos a gestionar las experiencias internas seremos capaces de determinar la calidad de sus vidas, porque un estado de armonía interior permite disfrutar cualquier cosa que se haga, aun cuando pueda resultar tediosa o difícil. Las personas que logran este estado difícilmente se aburren y pueden tomarse con calma cualquier situación. Cuando antes nos demos cuenta de que la calidad de la experiencia en el trabajo puede transformarse, más pronto podremos sacar el máximo provecho de esta importante dimensión en nuestra vida en términos de experiencia óptima.

¿Cómo hacerlo?

Controlar la información que dejamos entrar en nuestra mente, utilizar de manera estratégica la atención, aprender a engañar al caos, encontrar un propósito y forjar resoluciones, son algunas de las estrategias.

¿Algo más?

Pues sí. Es crucial conocernos a fondo para encontrar significado en lo que hacemos, para poder lograr esa armonía interior que es terreno fértil para que la felicidad florezca. También es importante desarrollar una personalidad autotélica; es decir, una personalidad que tiene metas autónomas, que está automotivada, y que es capaz de mantener su equilibrio interno ante los desafíos de la vida.

La experiencia óptima en el trabajo supone focalizar la atención y el uso de habilidades. En tal sentido, debemos tener en cuenta que nos sentiremos bien cuando los retos se correspondan con nuestras destrezas. Si el reto es demasiado alto caeremos en estados ansiosos y nos frustraremos, y si es demasiado bajo nos aburriremos pronto.

La gente que se encuentra satisfecha con su vida laboral trabaja en objetivos que potencian sus capacidades y hacen su rutina estimulante. Si por determinadas circunstancias de la vida nos vemos en un trabajo que no nos satisface, apostando a las herramientas de la personalidad autotélica sin duda lograremos salir fortalecidos del trance.

La felicidad no es algo que sucede, no es el resultado de la buena suerte o algo que pueda comprarse con dinero o con poder. Se trata de una condición vital que cada persona debe preparar, cultivar y defender individualmente. Y nadie ha dicho que sea fácil. Se requiere determinación y disciplina.

Perseguir un propósito profesional con resolución, haciendo encajar experiencias diversas en un plan macro se traducirá en una vida laboral con sentido. En tal escenario, al final de un día duro o de una temporada exigente, muy a pesar del cansancio o los sinsabores, podremos sentirnos bien con nosotros mismos; seguramente fortalecidos.

La experiencia de flujo que resulta de usar nuestras habilidades conduce al crecimiento, y este a una sensación de plenitud. Así que la felicidad en el trabajo es cuestión de una búsqueda, que parte de reconocer nuestros talentos y aquello que nos apasiona, y de tener la inteligencia y fortaleza para controlar lo que pensamos sobre aquello que sucede, sin olvidar nunca que una persona feliz no es alguien en determinadas circunstancias, sino una persona con determinadas actitudes.

Un abrazo.

Sandra Barral.

pd. Si queréis charlar sobre este tema os espero en la Arroelada gratuita del jueves día 6 de 11.30 a 13.30 aproximadamente. Podéis inscribiros a través de mi email en sandrabarral@gmail.com.

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